Besos de Nunca y Nadie

Es la sombra de sus labios
 la que se desvanece
  cuando se aleja del sol
como un corazón helado de nieve
  deseando ser beso
   desierto de tormenta.
Es la misma distancia
 que separa el calor del frío,
  donde sólo quedas tú:
   desértico,
  y ella: Antártica.

Labios de una lengua
 que los va desconociendo,
lejanos se queman
 y se agrietan de cercanía;
hoy de vértigo
 precipicio azul.
Y ya no son
 sino dos eclipses
que una vez (se) desearon.
¿Qué más me exiges, amor?
Si ya estamos a trece meses
 de letras de distancia,
si ya subasté el movimiento
y el significado de la luna
de todas mis cartas
de amor, amor.
Hoy, tus besos también
están en subasta:
 míralos, allá,
siendo públicos,
 todos viéndolos,
leyéndolos,
 aquellos nuestros nunca labios
explorando su dinamismo
en versos de nadie.
¿Qué más me exiges, amor,
 si me arrebataste la cobardía
 que me arruinó,
 mutándome en lo que hoy soy?

Lejano, nuestro desenlace
 escribiéndose en no eternidades,
 de besos que quieren robarnos,
 que ya saben
—ellos lo saben—
 que no serán.
Y se confiesan.
Y son estrellados
 contra los distintos tuyos;
y son destruidos,
hoy de ti y de mi.
Yo sabiéndolo,
sé que ya lo sé:
que Nunca tú serás.
Dices amor
como si pudiera decirse,
y lo escribes, tú,
lo escribes,
tú y tu crueldad:
ambas precipitando una flor
sobre el infinito.
deletreando su inmortalidad
durante su caída, eterna,
pero no su vida,
en la que tú tampoco estás.
Dices palabras,
y yo allí muero como ellas,
como tus rosas,
como las flores,
y aquí dejo de latir,
y tú lo ignoras
y no lo escribes;
y te mientes.
Me vas, y te voy,
y lo sabes
porque tú también mueres:
tu ayer,
hoy centro del poema.

Por eso siempre regresas
y por eso siempre me lanzas
con crueldad
contra ti.
Y vuelves a escribirme,
a mí,
centro del poema:
nunca alma gemela,
alma que nadie también
dice no tener;
yo y tú.
Besos de Nunca y Nadie ·