Cierto es que no oscurece sin antes ser día;
ni hay sentido en buscar luz donde no puede haber.
Pero en un lugar donde nunca va a amanecer
y en el que no es posible luz tener,
sólo rayo una vaga sensación de existir.
De ahogo, pero de paz;
de necesitarte, pero de necesitarme.
Una sensación que sin entender sigo;
que sin comprender sigues,
en un lugar que no te sé situar
para que me puedas encontrar.
Mentí;
y lo hice nada más comenzar:
aquí las sombras no vienen ni van.
Ni calmas mi dolor, ni estás,
¡Ni me sabrás encontrar!
Pero si que amanece en tus días,
y me esperas en soledad,
algo que sin duda lamentarás.
Tras nunca llegar,
te conformas con encontrarnos en un lugar
en el que tú sí que estás,
pero que yo no podré alcanzar.
Cierro los ojos para dibujarte sobre esta oscuridad;
y así recrear un lugar que, sin trascender,
harán de tus emociones algo que podré adivinar,
aunque mal; desquiciándote sin maldad.
Entonces me exiges una solución ya
que al mismísimo infierno voy a buscar.
Tras regresar le prendo fuego a toda mi realidad,
y entre llamas, por primera vez, te puedo mirar;
tocar;
para el calor de tu cuerpo, que arde, sentir.
y así tu realidad, hasta ahora imaginada, transgredir.
Coexistir,
extraña falsa sensación de la que he tenido que desistir.
Siento haber tenido que tu mundo incendiar,
para así demostrar que yo y no tú,
comprende mejor el significado de infinito y de no-existir.