para condenarlo
y poder reclamar su alma,
y desarfiarla, a ella:
sin tocarla,
sin rendirla,
sin deshacer la cama,
sino la mente;
ambas desechas
a merced del tiempo.
Las flores brotaron,
todas y cada una de ellas,
y aun así
ella quiso que mis palabras
muriesen en mi boca.
Una promesa violeta:
dos mares y una estrella escarlata;
dos fríos con textura granate;
el matiz de la inocencia
una vez desvestida;
la naturaleza del final del tiempo
revelada y rebelada
contra su propio principio.
Lloviendo la mente entre las sábanas,
el cielo deshecho bajo su piel
por la mano que adiestra la rosa
en espina:
en corte que rehace tu mundo.
Dentro yace lo que desarma su voz:
que el agua no es rosa ni violeta,
tú, a tientas, palpando;
tú, a tientas, tanteando;
pero tus sombras te empujan
hasta el filo de lo que presientes
o que ya está aquí?