Buscar la dulce helada estrellada luna;
y allí visitar, no su lugar, sino su tiempo:
su indivisibilidad, su insolubilidad;
la indecibilidad de ésta época ausente
que no sabe quién ni qué es.

Habitar un cristal de tiempo;
queriendo permanecer bajo la luz
de su estructura de cristal
escrita en su tiempo y espacio;
y allí tentar la perpetuidad de su interior
para saberse lengua de horizonte infinito.

Hablarle a un fenómeno
queriendo ser cristal cuántico;
y allí creerse metáfora de un diamante
eterno, periódico e intacto
que sobrevivirá nuestras ruinas,
ruinas escritas en runas ᚨ,
habitantes de la cara eclipsada
de una luna que se siente anacrónica;
dulce, helada y estrellada: buscada; ella.
Y, aquí, debajo,
en la Tierra, estrellar sirenas
contra acantilados de cielo rojo
de versos robados del agua—
lluvia fuego de nubes tergiversadas.
Luna ·