y pizpiretas tus espirales repiqueteen.
Si no es un gemido, no,
será una metáfora espirada,
centro del calor de tu boca.
Si fueras más que un juego,
anheladas tus heladas curvas
de palabras, éstas –o no éstas–
serían suspiros de «me olvido respirarlas»
¿verdad? No, no, mentira.
Y míralas, escritas están:
un házmelo explícito sin decirlo,
abiertas y prohibidas,
como fugadas de unos labios,
incendiados y silenciados labios,
que ahogan su horizonte.