Yo (Óleo de Celos I)

Los celos son dibujar
mis labios en los de otra
y hacerlos desfilar por París,
por Viena y por todo
lo que nunca más será.

Los celos son la condena
de mi imaginación frustrada
que reclama que griten mi nombre
los labios de la otra
y digan que ella soy yo,
pero que la otra también es ella.

Los celos son mi sombra, extendiéndose,
apropiándose de atributos ajenos,
mientras se aleja de lo que fuimos,
yo persiguiéndolo, persiguiéndome,
porque ya no sé aceptarme—sin ti.

Los celos son lo implícito no explícito;
la brújula que estalla
y apunta hacia dos nortes contrarios,
huyendo en ambos rumbos.

Los celos, ellos,
emergen como amenaza
cuando en el espejo ya no hay una,
no hay dos, no hay tres,
hay varias yo;
y son mi reflejo que se deforma,
y diverge en múltiples yo:
yo con la imaginación incendiada
y mi duelo entre posesión y romance.
Lo erótico, romántico,
intelectual o creativo
son más que la complicidad
que creí atesorar.

Los celos atosigan el misterio
y son el tiempo que me ejecuta,
lentamente, a mí,
en un fin en sí mismo:
que ya no está —no como quise—;
y si aún está, que no lo sé,
presiento que se pierde
mientras se aleja.

Sí, son celos por ausencia.

El «te estoy ignorando
con todas mis fuerzas»
es el corazón saliendo por mi boca
latiendo hacia afuera,
porque lo que siento está cambiando
y es tan real como una trampa.
Aquí, enjaulada, quiero creer
que la otra no es como yo
y que ella no es como él.

Hoy soy un «quisiera»
dentro de un deseo
que no sé realizar.

Así es como se rompe
un corazón en un instante:
cuando lo quiebra la verdad
cuando lo hieres,
cuando lo censuras,
o éste obligarme
a desear y a leer
mis propios intereses
en labios ajenos,
queriendo errarlos.
Sí, así es como se fractura
un corazón en mil instantes.

Ella, la otra concreta:
    real, imperfecta.
Ella, la otra simbólica:
    mi imaginación.
Ella, la otra en ti:
    trágica complicidad.

¿Quién es ella?
¿Son mis celos la consecuencia
de un deseo frustrado?
Si él ya no está,
si hoy la coge de la cintura
y le confiesa palabras
que estaban destinadas a mí,
siendo ellos, hoy,
cómplices de todo lo que ya no soy.
Yo (Óleo de Celos I) ·