Ella Dentro De Mí (Óleo de Celos IV)

Ella en la cama es él en el otro; él con la otra es ella con él.
La otra es irrelevante: su nariz rozando sus mejillas son mis celos.
Miento.
Degustas sus labios y toda su comisura y te la comes.
La paseas por el museo, ese siempre plan que te negué,
y mírala, a ella, observando los cuadros hasta desentrelazar su belleza,
ayer oculta para mí; si tan sólo hubiera sabido leerlos,
como tú describes su sonrisa, diría que te estás enamorando.
Lo sé porque una vez fui tuya.
Su figura de mujer, debajo de su vestido aunque desnuda a trasluz,
es la que te abraza por las noches,
la que presiente que la dureza de tu miembro tiene destino,
muy dentro, muy lento, para terminar diciéndole “te quiero”.
Siento los pechos de ella orbitando mi mente;
maldigo que mis pechos ya no sean el puerto donde dormías
—tú y tus sueños hundidos en ellos—
tras el amor y la ardiente colisión de ambos,
nuestros cuerpos.
Y no sé cómo devolver la gravedad,
de ellas a mis curvas, al mundo con nombre,
y cerrar el paso a sus transeúntes
que seguirán siendo extraños
mientras no aprenda a desconocerte
en completitud.

Y suplico que sus pezones
no sean los que se deslizan
y se estrellan dentro de tus museos.
Ella Dentro De Mí (Óleo de Celos IV) ·