al borde y sobre mi precipicio,
en la recursión de este nunca-deseo.
Y si pudiera matarlo,
diría que con no desearlo
sería suficiente.
Entonces, ¡basta!
¿Por qué esta ambivalencia emocional?
Si un deseo es irresoluble,
con dejar de morderlo,
escaparía de él, de ti y de ella, ¿verdad?
El único beso,
ese que aumenta nuestro deseo,
es el que se aleja
con prisas o sin ellas,
y abandona tus labios
hasta saberlos ausentes.
Soy todas,
todas, menos ella.
La composición del alma
siempre fue un lienzo
en blanco y con destino:
ser coloreada.
El interés fue minotauro,
que me incitó a cruzarte.
Tu corazón contra el mío
es batalla sin campos
ni tiempo.
Nunca habrá, sí,
nunca habrá dos paraísos iguales,
sin haber dos deseos semejantes;
si nada ni nadie
nacen del mismo fuego.