seguida de un alarde de convicción.
Su vestido,
fluyendo libre como un torbellino.
Dais un paso hacia atrás
y los entrelazáis en el siguiente.
La repeles;
y ella regresa.
Los pasos divergen;
y convergen después.
Se acerca de espaldas
y deja reposar su mano sobre tu cuello.
Otro paso,
en forma de pausa.
Alza su pierna hasta el cielo,
y sostienes la otra
para elevarla, a ella,
con todo su cuerpo.
Ahora flota;
la haces girar en las nubes
hasta regresarla al suelo.
Da varios pasos
y te busca,
te repele,
y se deja caer del revés.
Confía en tu respuesta,
y en tu contrarreacción.
La impulsas.
Se va.
Pero vuelve.
Y os sujetáis de la mano
para retomar ya el baile;
en conjunto,
sin pausas.