De frío invierno,
de blanco azul
o escarcha visceral.
De viento,
si la niebla cae
acantilados de infierno;
o de hielo volcánico,
si su abismo es tallado
sobre lo prohibido.
De paraíso;
o instantes forjados de estrellas
contra el cielo de tu boca,
oscura cuando la luz
se ahoga y olvida respirarla:
expulsada, río abajo,
del alma.